plantillas web en plantillas web

plantillas flash

Optimizada para 1024 x 768   

plantillas flash
        
 
 
Enfoques Teóricos  

La familia es el lugar por excelencia donde se dan una serie de procesos psicológicos que forman al ser humano. Éste no nace en la nada, sino que nace dentro de una familia que ya tiene un lenguaje, una religión, un conjunto de estilos para afrontar las diversas situaciones que plantea la vida. El ciclo de la vida comienza con el nacimiento y termina con la muerte. Pero en cada una de sus etapas, el ser humano se ve engarzado entre una generación y la otra. La generación de sus padres cuando son infantes, la de sus contemporáneos cuando elige pareja y la de sus hijos cuando forma una familia y se reproduce. Por lo tanto, con su propio estilo y de acuerdo a su época social que le corresponde vivir, acarrea estilos de comportamiento de una generación a la otra. Sus hijos harán lo mismo y así sucesivamente.

La individualidad personal y original no existe. Los seres humanos somos retazos de nuestros ascendientes. Lo original está en la combinación, no en los elementos que la constituyen.

 

A pesar de su importancia, existen pocas aproximaciones teóricas que expliquen la forma en que se da la transmisión intergeneracional de los estilos familiares. Casi todas las teorías psicológicas están de acuerdo con la importancia del ambiente físico, social y familiar del ser humano para su formación y posterior desarrollo. Dentro de la familia es donde se aprenden, de una forma u de otra, los modelos que se han de seguir en la adultez. Sin embargo, a pesar de este reconocimiento, existen pocas elaboraciones conceptuales que expliquen con precisión el fenómeno. En este trabajo, se presentan algunas aproximaciones que intentan hacerlo, para terminar con un análisis que pueda dar claridad conceptual al fenómeno de la transmisión intergeneracional.

 


Aproximación de Relaciones Objetales de Framo

 

Framo (1996) plantea su teoría desde la perspectiva de las relaciones objetales. Ésta es una teoría con una orientación psicodinámica. Parte de la posición de que cada uno de los miembros de la familia va cumpliendo ciertas funciones psíquicas para los demás; es decir, que cada uno de los miembros de la familia cubre algunas necesidades emocionales de los demás, creando una mutua interdependencia. Pero lo más importante es que lo ocurrido en la familia de origen, se va transmitiendo a las siguientes generaciones: "los conflictos intrapsíquicos provenientes de la familia de origen se repiten, se reviven, se crean defensas contra ellos o se superan en la relación con el cónyuge, los hijos o cualquier otro ser íntimo" (Framo, 1996; pág. 129). Esto es un asunto lógico, ya que dentro de la familia es donde se nace, se crece y se aprenden casi todas las estrategias de afrontamiento y solución de problemas.

 

Este autor retoma la teoría de Fairbairn (1952) en la que la principal necesidad humana que sirve como motivación es la relación humana satisfactoria; el niño es la criatura terrestre más dependiente de la creación, por lo que su supervivencia depende de una forma total de humanos adultos que le proporcionen un cuidado absoluto. En este sentido, el niño siempre va en busca del objeto, que no es otra cosa que la relación o vínculo que establece con los cuidadores. Cuando el niño nace y las circunstancias son positivas, establece un vínculo y sentimiento de confianza básica que son las bases emocionales para hacer frente a la vida, retomando la teoría del vínculo de Bowlby (1993). Si no ocurre así, entonces el niño "para sobrevivir, debe mantener el vínculo que le es vitalmente necesario y a la vez controlar afectos que son particularmente devastadores para él - la experiencia, espantosamente aterradora, de su desintegración y muerte inminentes" (Framo, 1996; pág. 130). La separación para el niño significa literalmente la muerte, por lo que esta afirmación no es exagerada (Feeney y Noller 1990; Feng, Garruso, Bengston y Frye, 1998). Un niño no tiene posibilidades de plantearse de manera lógica su relación con sus padres, por lo que no le queda más que plantearse esta posibilidad cuando es rechazado o maltratado.

 

De aquí que la angustia básica del niño es la de separación, pero si percibe en los padres rechazo o retraimiento, entonces el niño se pone furioso porque es incapaz de renunciar a la figura externa o de modificarla, por lo que incorpora ese objeto necesitado y odiado a la vez a fin de controlarlo dentro de su mundo psíquico interno. "Estos objetos externos se conservan como introyecciones o representantes psíquicos de los objetos externos, y obran como modelos y patrones de las futuras relaciones íntimas" (Framo, 1996; pág. 130). Pero estas introyecciones pueden dividirse en dos: por un lado están los objetos libidinales que consisten, en el caso de la figura parental, como en quien lo protege, conforta, ama de un modo incondicional y gratifica su deseo de fusión regresiva; por otro lado están los objetos antilibidinales, la figura parental que lo maltrata, descuida, niega su amor, amenaza con abandonarlo y se muestra crítico y hostil. Ambos aspectos son reprimidos, es decir, que son introyectados dentro del inconsciente, pero que permanecen ahí teniendo efecto.

 

Todas las experiencias de la familia de origen, van a modular y organizar estos complejos intercambios. Los niños que son criados en un ambiente relativamente seguro, podrán ser funcionales y amar y trabajar en un ambiente sano y productivo. Pero aquellos que fueron víctimas de grandes injusticias, que fueron chivos expiatorios, fueron víctimas de engaños, etcétera, quedarán ligados a un mundo interno de objetos malos. Lo cual tendrá una fuerte influencia en sus relaciones posteriores con la familia que posteriormente formarán (Bowlby, 1993).

 

Cuando el niño crece, lleva internalizados estos objetos y tiende a ver al mundo desde esta perspectiva. Pero no se da cuenta de ello, conscientemente cree que el mundo es así y no se cuestiona su comportamiento ni la forma en que reacciona ante los estímulos externos ni ante los demás con los que adquiere algún vínculo. Hasta cierto punto, cada ser humano tiende a ver a sus íntimos en función de sus propias necesidades, como portadores de sus características escindidas y denegadas. Las situaciones vitales no sólo se interpretan inconscientemente a la luz del mundo de los objetos internos, sino que "se efectúan intentos inconscientes para modificar las relaciones íntimas a fin de obligarlas a amoldarse a los modelos de rol internos -problema central de las dificultades conyugales" (pág. 132). Es por esto que las personas no alcanzan a explicarse el por qué de sus fracasos por establecer un vínculo emocional productivo y emocionalmente satisfactorio, como ocurre con las personas con problemas emocionales graves.

 

Esto también nos lleva a la selección de pareja, la cual no es casual, sino que "los miembros de la pareja se seleccionan mutuamente sobre la base de redescubrir los aspectos perdidos de sus relaciones objetales primarias, que han escindido y que, al involucrarse con su pareja, vuelven a vivenciar mediante la identificación proyectiva… Por lo general las personas no eligen la pareja que quieren, sino que reciben la pareja que necesitan. Se ‘escoge’ una pareja que, según espera, le permitirá al individuo eliminar, reproducir, controlar, superar, revivir o cicatrizar, dentro de un marco diádico, lo que no pudo saldarse internamente. Por consiguiente, los íntimos, la esposa y los hijos, etcétera, son en parte sucedáneos de antiguas imágenes, encarnaciones de introyecciones que permanecían enterradas desde mucho tiempo atrás" (pág. 133). En este sentido, la pareja no es escogida ‘conscientemente’, sino que es su relación con el mundo objetal lo que determina esta selección. Como ésta es inconsciente, los individuos se sienten en ocasiones desconcertados porque no encuentran la razón de por qué solo se aproximan a ellas, por ejemplo, como parejas, personas destructivas con las que establecen relaciones patológicas. Tal vez se den cuenta de esta tendencia, pero se les dificulta mucho controlarla. Saben el daño que puede traerles establecer relaciones de este tipo, pero son incapaces de controlarlo.

 

El individuo proyecta en los hijos, de esta forma, una parte escindida de sí-mismo. Proyecta sus propias frustraciones, miedos, injusticias sufridas sobre sus hijos y de esta manera, la transmisión intergeneracional se sigue dando, porque estas relaciones que establecen con sus hijos afectan a los mismos, los cuales toman estos elementos para su posterior reproducción con su sello personal.


Aproximación conductual.

 

La aproximación conductual de la transmisión intergeneracional tiene que ver directamente con el aprendizaje de estilos familiares. Cuando el niño nace, tiene muy pocas conductas aprendidas, solo sabe mamar, llorar, defecar y algunos reflejos más. Sin embargo, los reforzadores primarios se van condicionando con reforzadores secundarios, ya que el niño asocia la presencia de la madre con la aproximación de la comida, con el retiro de pañales sucios, etcétera. Es decir, que los reforzadores primarios se van condicionando con la voz, figura, y en general con la proximidad de la madre y posteriormente del padre y de otros adultos (Bijou, 1978). De esta manera, se comienza el proceso de socialización en el niño, que implica una infinidad de situaciones que el niño va aprendiendo.

 

Ya establecidos los reforzadores secundarios o sociales, comienza, con el paso del tiempo, el aprendizaje tanto formal como informal. De esta manera, el niño comienza a caminar, a hablar, a tener control de esfínteres y posteriormente comienza a ir a la escuela para su educación formal. Pero dentro de la familia, las situaciones que vive cotidianamente el niño hacen que vaya aprendiendo, a través de un reforzamiento diferencial, y por aproximaciones sucesivas, las conductas que los padres, hermanos y demás comunidad familiar van enseñando (Skinner, 1976).

 

Este reforzamiento puede ser preciso, directo y propositivo, como cuando la madre aplaude al niño cuando logra aprender a controlar sus esfínteres. Pero también puede ser dado sobre conductas que los padres no desean, pero que refuerzan de manera accidental. Por ejemplo, si los padres no le hacen caso al niño y éste presenta conductas perturbadoras como llorar por todo, gritar, etcétera. Si los padres comienzan a hacerle caso al niño y no lo hacen de otra manera, puede resultar que los aparentes castigos comiencen a funcionar como reforzadores y de esta forma las conductas perturbadoras se incrementan en su probabilidad. Esto puede ocasionar el estupor en los padres que pierden el control sobre el niño. Pero la definición del reforzador está dada por su función y no por su calificación social, moral o por su topografía.

 

Otro proceso por medio del cual el niño aprende los estilos intergeneracionales es por imitación (Bandura, 1970). El niño observa cómo es el comportamiento de los que le rodean y posteriormente, cuando se encuentra en una situación similar, imita el comportamiento de lo que vio. Este proceso de aprendizaje es muy importante, ya que permite conservar el recuerdo de lo aprendido de forma vicaria durante mucho tiempo hasta que exista la necesidad de la emisión del comportamiento. Este proceso requiere de un mecanismo de almacenamiento de la información para su posterior recuperación, por lo que su interpretación conductual es dificultosa. De esta forma, si el padre acostumbra vociferar, maltratar, golpear, para resolver un problema conyugal, puede ser que no les guste a los hijos. Sin embargo, este estilo se vuelve una situación tal vez desagradable, pero conocida. En el momento en que, posteriormente, cuando se casa el individuo y se presenta una situación similar, lo más probable es que, de una forma aparentemente automática, se presente el mismo estilo de comportamiento.

 

La importancia de la imitación como una forma de aprendizaje de comportamientos familiares complejos radica en la necesidad que el individuo tiene de resolver un problema que no se le había planteado antes y ante el cual no ha sido entrenado de una forma específica. Entonces, ante la falta de un repertorio definido, y ante la necesidad de dar una respuesta satisfactoria, el sujeto emite la respuesta que observó y que daba una resolución, aunque esta no sea necesariamente la más funcional. Por ejemplo, el niño observa que su padre se muestra sumiso ante el enojo de la madre, por un lado, y por el otro, cuando se encuentra fuera de la casa, es un alcohólico agresivo. Este comportamiento tal vez el hijo no desee ejecutarlo por razones morales que se le enseñaron. Sin embargo, cuando la esposa le reclama algún comportamiento, con mucha probabilidad, se muestra sumiso, lo que le causa ira interna y busca refugiarse en el alcohol. En general no existe mucha conciencia sobre esta repetición de estilos, y cuando se les indica, dan una serie de razones de ellos. Por ejemplo, dicen "mi padre era alcohólico, pero yo no, porque él bebía brandy y yo solo bebo coñac" o "me enojaba que mi padre golpeara a mi madre y era un irresponsable; yo no soy igual, a veces golpeo a mi esposa, pero tengo razones de peso para hacerlo y no he encontrado trabajo porque son muy exigentes". Pero cuando se hace un análisis cercano, es evidente la semejanza de estilos. Los hijos tienden a repetir, mediante la imitación, los estilos de comportamiento de sus padres de una forma más o menos automática. El uso del término consciente tiene una connotación diferente a la psicoanalítica. En este caso, decimos que algo es inconsciente cuando el sujeto no puede explicar, en forma verbal explícita, las razones de su proceder.

 

El comportamiento que un individuo ejecuta dentro de la familia tiene mucho que ver con lo aprendido. La postura conductual afirma que la mayor parte de nuestro comportamiento es aprendido. El aprendizaje que vamos teniendo, va formando parte del repertorio conductual que el sujeto tiene a su alcance para resolver problemas de manera contextual. Es decir, que el comportamiento se da ante un estímulo discriminativo, que es la ocasión para que una conducta sea reforzada. En este sentido, ante cada contexto, el sujeto tiene una serie de comportamientos ante las distintas situaciones en las que se encuentra. De esta forma, cada persona se comporta de acuerdo al contexto. Es por esto por lo que una persona se comporta de una forma totalmente diferente frente a sus compañeros que frente a su familia. El comportamiento depende de lo que haya aprendido como lo "adecuado". Es decir, la conducta que ha sido reforzada en este contexto.

 


Transmisión intergeneracional de Chen y Kaplan.

 

En un trabajo muy reciente, Chen y Kaplan (2001), plantean un modelo muy interesante para explicar la transmisión intergeneracional. Específicamente, a ellos les interesa hablar sobre la transmisión intergeneracional de la paternidad positiva. De acuerdo con estos autores, existen cuatro mecanismos a través de los cuales se lleva a cabo la transmisión intergeneracional: el estado psicológico, las relaciones interpersonales, la participación social y el papel del modelamiento específico.

 

El Estado Psicológico. Un concepto que desarrollan los autores es el de adaptabilidad o resilencia. Es decir, que algunos adolescentes tienden a ser más optimistas y a adaptarse a las circunstancias según se les van presentando. Si la situación es estresante, los sujetos con adaptabilidad tienden a verla de una forma tal que la pueden manejar. Cuando los padres tienen suficiente autoridad sobre sus hijos, éstos tienden a ser más maduros y adaptables. Los adolescentes con problemas de depresión muestran que sus padres les mostraron rechazo y falta de afecto en su primera infancia. Las primeras experiencias de rechazo parental se dirigen hacia el desarrollo de sentimientos de depresión que a su vez contribuyen a que estos hijos rechacen después a sus hijos en la próxima generación. Los autores hacen una revisión de la literatura experimental donde se demuestra que el afecto, la aceptación, el respeto y la autoridad de los padres están relacionadas al desarrollo de una buena autoestima por parte de los adolescentes. Y en sentido contrario, la falta de apoyo y entendimiento parental, al igual que la devaluación por parte de los padres y el control sin afecto, está asociado con el auto-rechazo y la baja autoestima. Todo esto genera un estado de salud o patología psicológica. Cuando unos padres tienen un estado psicológico sano, se relacionarán positivamente con sus hijos generándoles una alta autoestima. Mientras que un estado psicológico patológico generará rechazo y maltrato a sus hijos, lo que causará a su vez una baja autoestima.

 

En este sentido establecen la siguiente hipótesis: "La experiencia de una buena paternidad en la adolescencia tendrá un efecto indirecto sobre la propia paternidad constructiva del individuo, vía su relación a niveles más bajos de perturbación psicológico en cómo serán como padres" (Chen y Kaplan, 2001; pág. 20).

 

Relaciones Interpersonales. Otro concepto que se desarrolla en esta aproximación teórica son las relaciones interpersonales que se establecen en la infancia y que posteriormente van a determinar, como un reflejo, las relaciones posteriores de paternidad. Aquí el concepto central es el propuesto por Bowlby (1993) (ver también Bying-Hall, 1995; Cobb, 1996; y Cohen, Finzi y Avi.Yonah, 1999). Cuando el niño nace, establece un tipo de vínculo con sus padres; vínculo que, una vez internalizado, va a reflejarse en las relaciones interpersonales que se van a desarrollar en la adolescencia y adultez. Es decir, que las personas recuerdan o de manera inconsciente, tienen internalizado un modelo de relación; este modelo internalizado da la pauta para el tipo de relación que se establece con la pareja. La persona busca como pareja a quien cumpla con las características del modelo internalizado. Este tipo de explicación vale también para explicar las relaciones que posteriormente se darán cuando la persona tenga hijos y establezca una relación con sus hijos. Por otro lado, los autores toman en cuenta la plasticidad cerebral; además de que éste está en continua adaptación y por lo tanto en continuo cambio. En este sentido, las relaciones que posteriormente se tengan con otras personas, también se verán reflejadas en las relaciones que se tendrán como padres. La cuestión aquí es causal y encadenada. En la medida en que se tengan buenas relaciones padre-hijo durante la infancia, se tendrán buenas relaciones interpersonales con las demás personas y esto a su vez retroalimentará estas buenas relaciones que tendrá efecto en sus relaciones, tales como las maritales, las redes sociales, experiencias de trabajo y también en las relaciones parentales.

 

Participación Social. Este concepto tiene la misma lógica del anterior. En la medida en que se tiene una personalidad sana, igualmente se tienen buenas relaciones con la estructura social. Se forman redes de apoyo social en la escuela, la iglesia, el trabajo, etcétera. La participación social activa hace que más probablemente el individuo sea parte del orden convencional. Que a su vez funciona como un control social que promueve la conducta parental convencional y restringe la conducta parental desviada. La paternidad constructiva también es resultado de experiencias en la vida bien desarrolladas y bien informadas. Se afirma que los padres que maltratan a sus hijos y tienen conducta de rechazo hacia sus hijos, participan poco en la vida social de la comunidad.

 

Modelamiento del Papel Específico. Este último concepto se refiere a la postura de la teoría del aprendizaje. Específicamente a lo que son las teorías del modelamiento como las de Bandura (1970), que ya han sido mencionadas en la aproximación conductual. El aprendizaje a través del modelamiento es mucho más inconsciente que otros tipos de aprendizaje. Se da cuando el sujeto observa un comportamiento y lo almacena en su aparato psíquico para ser utilizado posteriormente, de una forma más o menos automática. Cuando el niño crece en el seno de su hogar, observa inevitablemente las formas de comportamiento familiar, aprendiendo en forma vicaria formas y tipos de comportamiento sin que necesariamente medie la conciencia. Posteriormente dicho aprendizaje es aplicado en forma más o menos automática a sus estilos parentales.

 

Esta teoría no está suficientemente integrada en un todo coherente. Más bien, es un conjunto de principios conceptuales de los que parten para hacer un estudio al respecto. Toma en cuenta aspectos más bien de la teoría conductual para llevar a cabo una explicación de la transmisión intergeneracional. Sin embargo, resalta la importancia de estudios de este tipo y la forma en que se maneja la transmisión intergeneracional en las investigaciones más recientes.

 


Transmisión Intergeneracional de acuerdo a Bowen

 

La teoría de Bowen sobre la transmisión intergeneracional es una de las más importantes. Parte de seis conceptos teóricos.

 

El primero es la escala de diferenciación del Yo. Dentro de éste concepto, parte del hecho de que existen personas que tienen una diferenciación del Yo muy elevada y otras personas la tienen muy baja. Los que tienen una diferenciación elevada, pueden ver las cosas de una manera objetiva, mientras quienes la tienen baja, se encuentran inmersos en un mar de emociones desde lo interno de la familia. Bowen dice que no necesariamente quien tiene una diferenciación baja son patológicos y viceversa, pero "las personas de la mitad inferior de la escala viven en un mundo controlado por las ‘emociones’ en el que los sentimientos y la subjetividad prevalecen sobre el proceso del razonamiento objetivo la mayor parte del tiempo. No distinguen los sentimientos de los hechos, y basan sus decisiones vitales más esenciales en lo que ‘sienten’ como correcto." (Bowen, 1989; pág. 191). Es decir, que las personas con un Yo altamente diferenciado tienen una visión bastante objetiva de la situación y puede hacer un análisis con más distancia, por lo que sus decisiones pueden ser más acertadas, aunque no necesariamente es así. En cambio, las personas con poca diferenciación del Yo, tienen más dificultades para tomar decisiones basadas en los hechos. Más bien, sus decisiones están basadas más sobre lo que ‘sienten’ que sobre lo que piensan racionalmente. Esto puede causarles muchos problemas. Bowen establece una escala de 0 a 100, pero no logra establecerla de tal manera de colocar en forma distinguible a una persona en un punto sobre esta escala. Sin embargo, opina que "Todavía no hemos podido comprobar la escala en quienes poseen un nivel extremadamente alto, pero mi impresión es que 75 es un nivel alto y que quienes superan el 60 constituyen un porcentaje reducido de la sociedad" (Bowen, 1989; pág. 192).

 

En las relaciones interpersonales, las personas con un nivel de diferenciación alto se sienten más cómodas que las de nivel bajo. "En las relaciones con los demás, las personas de la parte alta de la escala se ven libres para ocuparse en una actividad encaminada a metas, o para perder ‘Yo’ en la intimidad de una relación estrecha, a diferencia de las de la parte baja que o tienen que evitar las relaciones si no quieren deslizarse automáticamente hacia una fusión molesta, o no tienen más remedio que proseguir la búsqueda de una relación estrecha para obtener la gratificación de sus ‘necesidades’ emocionales. La persona de la zona superior de la escala es menos reactiva a la alabanza o a la crítica y realiza una evaluación más realista de su propio Yo, a diferencia de quien pertenece a la zona inferior, cuya evaluación está ya por encima ya por debajo de la realidad" (Bowen, 1989; pág. 192).

 

El segundo concepto es el Sistema Emocional de la Familia Nuclear, "más recientemente se ha empleado la expresión sistema emocional para designar las mismas pautas emocionales triangulares que operan en todas las relaciones estrechas, con una expresión adicional que indica la localización del sistema, por ejemplo, un sistema emocional de la familia nuclear" (Bowen, 1989; págs. 193-194). Este sistema emocional se realiza a través de tres áreas donde se expresan los síntomas y son el conflicto conyugal, la disfunción de un cónyuge y la proyección sobre uno o más hijos. El conflicto conyugal se da cuando uno de los miembros se niega a fusionarse con el otro o que lo ha venido haciendo y ahora se niega. De cualquier forma, el conflicto consume gran cantidad de indiferenciación. Significa esto que los miembros de la familia que pierden diferenciación, se vuelven emocionalmente más dependientes uno del otro. Esto provoca que uno de los cónyuges manifieste un síntoma; tal vez alguna enfermedad física desencadenada en forma emocional o un problema psicológico como una fobia o incapacidad psíquica. Por otro lado, la tercera área se da cuando la indiferenciación se proyecta sobre uno o más de los hijos.

 

El tercer concepto es el Proceso de Proyección Familiar, en el que los padres proyectan parte de su inmadurez sobre uno o más de los hijos. "La pauta más corriente es aquella en que un hijo es el receptor de una porción grande de la proyección, mientras que los otros niños quedan relativamente al margen. El hijo que se convierte en objeto de la proyección es el más apegado emocionalmente a los padres, y el que termina con un nivel más bajo de diferenciación del Yo. Un hijo que crece relativamente ajeno al proceso de proyección familiar puede emerger con un nivel de diferenciación básico más elevado que el de los padres" (Bowen, 1989; pág. 195).

 

El cuarto concepto nos interesa particularmente porque es el proceso de transmisión multigeneracional, "este concepto explica la pauta que se desarrolla a través de varias generaciones cuando los hijos emergen de la familia parental con niveles de diferenciación básicos más altos, iguales o más bajos que los padres. Cuando un hijo emerge con un nivel del Yo inferior al de los padres y se casa con una persona de igual diferenciación del Yo, y en este matrimonio se produce un hijo con un nivel inferior que a su vez se casa con otra persona de igual nivel, y de este otro matrimonio nace otro hijo con un nivel inferior que se casa a ese nivel, se crea un proceso que se mueve, generación a generación, hacia niveles de indiferenciación cada vez más bajos. Según esta teoría, los problemas emocionales más graves, como una esquizofrenia profunda, son el producto de un proceso que se ha venido gestando descendiendo a niveles del Yo cada vez más bajos a lo largo de varias generaciones. Junto a quienes caen más bajo en la escala de diferenciación del Yo están quienes permanecen aproximadamente al mismo nivel y quienes progresan en su ascensión por la escala" (Bowen, 1989; pág. 195). Es decir, que el nivel de diferenciación no es transmitido automáticamente a través de las generaciones, sino que se dan todas las posibilidades. Éstas dependen del lugar que ocupa el niño en el número de hijos, de su género, del momento familiar en que nació, de las propias características del niño y de una infinidad mayor de factores. Dependiendo de estos factores, los niveles de diferenciación se irán incrementando o decrementando tal y como ya se describió.

 

El quinto concepto teórico se refiere a los Perfiles de la posición entre hermanos, y está explicado en términos de las características de algunos de los hermanos que tendrán influencia sobre el crecimiento de los hijos. Es decir, que si, por ejemplo, el hijo mayor tiene una diferenciación alta, esto tendrá influencia sobre el desarrollo de los hijos menores.

 

El último concepto tiene más bien implicaciones psicoterapéuticas y es de los triángulos. En general, el desarrollo de la familia se va dando a través de triángulos. Bowen afirma que casi todas las relaciones se dan de esta forma. Cuando la tensión se incrementa, la pareja tiende a incluir dentro de su relación a otra persona, que puede ser un hijo, el profesor del colegio, etcétera. Si la tensión es poca, entonces la relación triangular se establece de tal forma que la tercera persona es considerada como un extraño, pero cuando esta tensión se incrementa, entonces se le tiende a incluir cada vez más personas y a establecer triángulos cada vez más complejos con la finalidad de manejar la tensión. Los triángulos se multiplican en una familia grande y estos triángulos trabajan de tal forma que la familia va brindando apoyo emocional dependiendo del tipo de problema al que se enfrenten. Por ejemplo, cuando se porta mal uno de los hijos menores, tal vez alguno de los hijos mayores decida apoyar a su madre en contra del menor. O tal vez decida apoyar al menor en contra de la madre.

 

Luego entonces la teoría de Bowen implica un mecanismo interno de regulación que va estableciendo las pautas de comportamiento a lo largo de la vida. Lo aprendido en la niñez, el tipo de familia, lo que el niño haya adquirido, es con lo que llega al matrimonio, mezclándose con el aprendizaje de su pareja, adaptándose y formando un nuevo estilo de comportamiento que, a su vez, transmitirán a sus hijos "El grado de vinculación con los padres viene determinado por el grado de vinculación emocional irresuelta que cada padre tenía en su propia familia de origen, el modo de manejarlo los padres en su matrimonio, el grado de ansiedad experimentada en los momentos críticos de la vida, y en la manera de hacer frente los padres a esta ansiedad. El niño que es ‘programado’ en la configuración emocional irresuelta queda relativamente fija salvo que se produzcan cambios funcionales en los padres" (Bowen, 1989; pág. 250).